domingo, enero 3

Domingo de pizzas y Brando

¡No hay nada como un domingo de pizza y cine clásico!… No es cierto. No hay nada como un domingo comiendo carne y tomando cervezas con mis hermanos en casa de mi papá, pero como en este momento no existe ni una mínima posibilidad de que eso suceda, me conformo con mi pizza de tocineta y mis películas.

Resignada, hoy disfruté de dos clásicos Mata Hari (George Fitzmauricecon, 1931) con Greta Garbo, ¡una diosa!, y Un tranvía llamado deseo. Pudiera decir en este post sólo una frase: "Marlon Brando es la reencarnación masculina de Afrodita", pero no quiero parecer una fans desquiciada.

A streetcar named desire fue dirigida por Elia Kazan en 1951, basado en el libro de Tennesse Williams. Dicen que cuando Marlon Brando fue al apartamento de Williams para el optar por el papel, el escritor quedó tan impactando con su aspecto que ni siquiera preguntó quien era, inmediatamente le dijo a su asistente que lo contratara. Como Williams, muchos otros escritores, directores y, sobre todo, actrices cayeron bajo los encantos de Brando.

Si bien, las últimas generaciones lo recordamos por El Padrino, fue el tranvía el que lo llevó a la fama, de la mano de Vivien Leigh quien ya andaba por la alfombra roja gracias al papel de Scarlett O’ Hara que interpretó en Lo que el viento se llevó 12 años antes. Dejando a un lado los innegables encantos de Brando, la película es fascinante. Se convirtió en referencia obligada de la época de oro de Hollywood, no sólo por el trabajo de sus actores, sino por el guión y la dirección. Stella (Kim Hunter) y Stanley Kowalski (Brando) se aman apasionadamente a pesar de venir de mundos diferentes. Sus vidas trascurren en la rutina hasta la llegada de Blanche (Leigh) la hermana mayor de Stella a la que Stanley se enfrentará salvajemente para desenmascarar su pasado.

Después de Un tranvía llamado deseo las camisetas ajustadas y sudadas de Brando se pusieron de moda, mientras que él, que había interpretado la obra basada en el mismo guión durante dos años antes de la filmación, nunca mas volvió a pisar un teatro. Al que sí visitó fue al psicoanalista por 10 años consecutivos para poder lidiar con la fama que lo arropaba.

Siempre disfruto de esta película. Siempre disfruto de Marlon Brando gritando, golpeando y pidiendo perdón con sus camisetas sudadas y sus pantalones ajustados a la cintura. Es una película que podría ver cada domingo y que recomiendo ver más de una vez.

Mientras tanto la gripe se está yendo y mi cumpleaños aproximándose. Y yo… solo pienso en llamar a un hombre para invitarlo a salir. La verdad no me atrevo, veamos si esta dosis de Brando me anima. ¿O alguien recomienda otra película que me de valor para dar el primer paso?

6 comentarios:

  1. Yo terminé de ver "La meglio gioventú" en su falsa "segunda parte" que dura 3 horas más!!!. Es una joya. Una joya de 6 horas! ...pero hay que verla (recomiendo hacerlo después de los 30 años).

    Mañana me animaré a ver un documental de 2008: "The Soviet Story" (me supongo que es como "Toy Story" pero con comunistas y sin tanto juguete).

    Esta es la web: www.sovietstory.com

    Saludos Adrianaaaaaa!!!

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  2. Que la fuerza de tus ancestras te acompañe cuando hagas esa llamada a ese hombre para ir al cine a ver una película en tu cumpleaños, luego nos cuentas...te puedo recomendar "mi gran boda Griega" al final, es la familia la que nos da la fuerza!!!

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  3. Mi gran boda griega podría ser... si bien Ian es el que se enamora de Tula a primera vista... ella es la que se arriesga con todo... gracias por la recomendación Zhair. Llamaré!

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  4. Esta película me remontó a mi primera incursión como miembro de un cine-club en la Universidad de Carabobo, hace unos 30 años, cuando comencé a estudiar Derecho. Un pequeño grupo de amigos nos pusimos de acuerdo para conformar una agrupación que, entre otras actividades extracurriculares, debía editar un periódico cultural y darle aliento a un cine-club, cuyo principal propósito era exhibir películas con alto contenido erótico. Vimos entonces Los cuentos de Canterbury, El Decamerón y Saló o los 120 días de Sodoma y Gomorra, de Pier Paolo Pasolini, por nombrar algunas. Y por esa vía llegamos, inducidos por el título, a Un tranvía llamado deseo, la película de Elia Kazán de 1951, que nadie del grupo conocía. Por supuesto que de entrada hubo decepción, porque no era el cine de escándalo que promovíamos sin la anuencia de las autoridades universitarias. Pero fue por esa vía que tuvimos acceso a estas piezas cinematográficas, y a la obra de autores como Tennessee Williams. En Un tranvía llamado deseo ingresamos al reino de otra forma de erotismo, en cuyos predios, propiedad del personaje Stanley Kowalski, se promovía una cierta estética homosexual: el poder masculino se medía en el sofoco de una sala de billar, representando una virilidad un poco caricaturesca: los bíceps hinchados reventando bajo el tejido apretado de la camiseta, la piel bruñida de sudor y la mirada oscura, penetradora y desafiante. A propósito de tu propuesta, Adriana, volví a ver la película. Comienza con la llegada en tren de una mujer de belleza casi marchita, vestida con vaporosos encajes. Es una dama del Sur profundo de los Estados Unidos, anacrónica y quebradiza como la cuerda de un violín a punto de reventar. El personaje se llama Blanche du Bois, pero conserva los ojos vivos y el pliegue de los labios enérgicos y delgados de la actriz que la encarna: Vivien Leigh. Con este nuevo acercamiento me pasó, como creo que nos pasa a todos con los libros o con las películas; después de 30 años ya no somos los mismos espectadores o lectores.

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  5. Rafael que bueno que esta locura mía te llevó, por lo menos, a tus buenos recuerdos y revivir esos momentos que supongo fueron de gran aprendizaje para ti... algo así nos pasó con "Descubriendo a Forrester" ¿te acuerdas?
    Saludos mi querido amigo... por cierto, amo a Stanley Kowalski, sea la representación de "lo que sea"

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  6. Me digo: "no aclares que oscureces". Sin embargo, te señalo, mi querida Adriana, que cuando me referí "a una estética homosexual" lo hice en términos objetivos, pensando que en las obras de Tennessee Williams esta condición humana se refleja con frecuencia, pues son, ya tu lo sabes, un reflejo de la personalidad del autor, que aportaron las señales al retrato del realismo poético característico de su obra.
    Otra cosa: agradezco mucho a tu blog, ya que me ha puesto tras la pista de películas cuya existencia desconocía, como Tokyo Godfathers. Agradecido siempre.

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