viernes, enero 15

Oda a la lealtad

Por estas tierras se conoce como Cus Cús, pero su título original es La graine et le mulet (The Secret of the Grain, 2007)

La tercera película del francés-tunecino Abdel Kechiche es una oda a la lealtad, a la lucha silente por salir adelante en un mundo carente de posibilidades para muchos, y al amor, simplemente.

Slimane Beiji (Habib Boufares, en su primer papel cinematográfico) es un sexagenario que debe dejar su trabajo en un astillero de la cordillera francesa, pues a su edad, no puede competir con otros trabajadores más jóvenes y ágiles. Así que decide montar su propio negocio: un restaurante árabe. Una familia numerosa y crítica lo apoya, pero su bastón será su amante y la hija de ésta, Rym, protagonizada por la actriz revelación de Francia Hafsia Herzi (quien después compartió escena con la talentosa Hiam Abbass en Láube du monde, 2008)

El cous cous o cuscús es un plato típico de la región mediterránea Magreb, que incluye a Túnez, Marruecos y Argelia. Es el ingrediente principal de la cultura árabe y en esta película será el factor que desenlace varios acontecimientos.

Cus Cús obtuvo el reconocimiento como Mejor Película del Año por la Academia de Cine Europeo, además el Gran Premio del Jurado en el Festival de Venecia 2007 y mejor Película en los Premios César 2008, además de mejor dirección, mejor guión y mejor revelación femenina para Hafsia Herzi.

Está filmada como un documental que retrata la cotidianidad y las costumbres de los inmigrantes árabes en Francia. Es un poco larga, 152 minutos, pero vale la pena. Recuerdo que cuando la vi por primera vez, estuve días pensando en el final, algo que me pasa con pocas películas. Me llevó a reflexionar sobre mi propia familia y lo que hacemos o dejamos de hacer por otros, sin medir las consecuencias.

Un relato encantador con una resolución impredecible, que viene bien después de haber visto Avatar.

1 comentario:

  1. Parece que Avatar sacó mucho de nosotros...

    Ví cus cus. Me fascino, me encantó y me conmocionó.

    Preferí aceptar el final como un no-final, es decir, como en la vida real, algo si-guió.

    El monólogo de la joven esposa del marido infiel llorando y contándole a su suegro su desgracia, me aturdió. Me pareció infinito. Duro y real. Eso lo recordé los dias siguientes, mucho.

    (Gracias Adri por prestármela!)

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