martes, junio 15

La fiesta de los gitanos

La vida debería ser una película de Kusturica. Hoy, debería serlo. Después de días de lluvia, sale el sol… como la fiesta de los gitanos en Tiempo de gitanos.

Emir Kusturica es uno de los directores más radicales del nuevo cine europeo -para mí, el más-. Su cine está lleno de simbolismos de la cultura yugoslava y tiene esa combinación perfecta de la alegría y la protesta. Cada película es una fiesta, por muy complicada que sea la trama.

En Tiempo de gitanos, Perhan es un muchacho enamorado que es capaz de hacer cualquier cosa por la mujer de sus sueños. Una cura para la enfermedad de su hermana, la insistencia de la abuela Khaditza y los deseos de ser un hombre adinerado lo llevan a reunirse con mafiosos, a recorrer ciudades y cambiar su vida. Perhan siempre está acompañado de su pavo, una especie de símbolo-espiritual que deviene en mejor-amigo. Dicen que en la cultura egipcia, por ejemplo, el animal se hallaba más cerca de los dioses que el hombre (eso me gusta)

Por esta película, Kusturica ganó en 1989 el premio al mejor director en el Festival de Cannes. La película está hablada en romaní, idioma que los no-gitanos, incluyendo al director, tuvieron a aprender. Además, sólo los personajes principales son actores profesionales, los otros son gitanos provenientes de los suburbios yugoslavos.

Aunque Kusturica es más conocido por su afamada Gato negro, gato blanco, ahora por Maradona by Kusturica, son Tiempo de Gitanos (1988) y La vida es un milagro (2004) mis películas preferidas.

El título original de Tiempo de gitanos, en serbio, es Dom za vesanje, que se traduce literalmente en Casa para colgar… como la de la abuela Khaditza… como la mía.

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