jueves, julio 15

Las alas de Ricky

Cuando a mi amigo Martín le gusta mucho algo dice que es “maravilloso”, hace una pausa y vuelve a decir “maravilloso”. Ricky, la última película de François Ozon, es maravillosa (punto) maravillosa.

Un drama (sí, se sufre), una fantasía del absurdo sobre un bebé que nace con alas y que cambia la vida de tres personas solitarias. Fue dirigida en 2009 como una secuela de Ángel, del mismo director. Y, aunque, Ozon la pensó para ser filmada por los hermanos Jean Pierre y Luc Dardenne o para Disney, luego decidió filmarla con muy buenos resultados.

La trama va así: Katie (Alexandra Lamy) conoce a Paco (Sergi López) en una fábrica de productos químicos. Viven juntos con la hija de Katie, Lisa (Mélusine Mayance) una precoz niña de 7 años abandonada por su padre. Cuando nace Ricky y sus alas comienzan a crecer la historia de esta nueva familia cambia para siempre.

Hay que reconocer el efecto logrado con las alas del bebé y la mezcla de géneros -y por ende de sensaciones- que causa Ozon con esta película, especialmente la crítica social que se revela aún con tanta fantasía poética.

Leí en una crítica una frase que me gustó: “La película es una maravillosa y poética historia y a la vez una auténtica crítica social; o, de una forma más pintoresca, Ozon nos muestra una yegua vieja con aires de unicornio”.

Un bebé con alas es la fantasía perfecta de una madre desamparada y mujer solitaria, de la hermanita sin padre, del hombre que busca una familia perfecta, de la sociedad que recurre a algo hermoso en que creer y de alguien que, como yo, busca recomponer su coranzoncito a través del cine.

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