martes, noviembre 30

Carancho

En Argentina mueren más de 8 mil personas al año en accidentes de tránsito, un promedio de veintidós por día; más de ciento veinte mil resultan heridas. La última década ha dejado 100 mil muertos. Los millones de pesos que necesitan las víctimas y sus familiares para afrontar gastos médicos y legales, producen un enorme mercado, sostenido por las indemnizaciones de las aseguradoras y la fragilidad de la ley. Detrás de cada desgracia asoma la posibilidad de un negocio.

Este es el argumento de Carancho, la película que llevó este año el director Pablo Trapero al Festival de Cannes. Está protagonizada por la pareja de Trapero, Martina Gusman (antes hicieron juntos Leonera) y por Ricardo Darín, quien protagonizó el año pasado la aclamada El secreto de sus ojos.

Al parecer, la gente de por estos lares está un poco cansada de Darín. Como yo voy llegando, no me aburro de sus actuaciones ni conozco –ni me interesan- los pormenores de su carrera. Me gustó su actuación como Sosa, un abogado caído en la desgracia que se aprovecha de las víctimas de accidentes de tránsito para llevar un negocio millonario, donde él también se convierte en víctima. También me gustó Martina Gusman como Luján, la doctora que se ve envuelta en la tragedia.

Es una historia un poco forzada, pero tiene los elementos esenciales de un buen policial, un poco de suspenso, víctimas y causalidades fatales que van dando forma a la historia con un final cerrado que no da cabida a interpretaciones.  Carancho es una de las películas argentinas más taquilleras de este año. En lo personal, me gustó mucho. Mantiene el suspenso hasta el final.

El Carancho es una especie de buitre, un ave solitaria que se mueve según el lugar donde consiga comida. Cuando averigüé esto me pareció que, lo mejor de la película, es su título.
  

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