martes, noviembre 9

Historia tanguera de una desilusión

El cine de autor en Latinoamérica es una lotería. Esta vez me gané el triple gordo: entrada gratis a la premier gracias a la gente de Hartos de Arte, celebración del cumpleaños de mi amiga Natalia y una buena película: La cantante de Tango, del argentino Diego Martínez Vignatti.

Aunque no recibió muy buena críticas, considero que es una muy buena propuesta. Si bien le falta fuerza a la trama, la actuación de Eugenia Ramirez Miori convence.

Con mucha influencia del cine europeo -con detalles muy a lo Kieslowski-, La Cantante de tango tiene ese experimento muy de moda entre las nuevas generaciones de cineastas independientes que no convence mucho a un público habituado al guión de tres actos: la reiteración simbólica de un final que tarda en llegar. Lo que muchas veces pareciera dividir la trama en dos o tres partes.

La sinopsis dice: Helena, una cantante de tangos en ciernes, está profunda y locamente enamorada. Después de una exitosa prueba con su grupo, un prestigioso teatro de Buenos Aires ofrece contratarlos. Pero le espera una tragedia: el hombre al que ama ya no quiere corresponder a su amor. Para Helena, que vive por amor y canta al amor, es el final del camino. Obsesionada y torturada por la pérdida, no puede superar el desengaño y se convierte en una sombra de sí misma.

Esta tercera película de Martínez Vignatti (Nosotros y La marea) es una coproducción entre Argentina y Bélgica que fue rodada principalmente en Bahía Blanca.

Me gustó el personaje de Helena. Poco a poco descubre que el dolor pasa. A veces, cuesta  creerlo.

La música es brutal y la historia tan dramáticamente hermosa como la letra de un tango.

Aquí una versión muy antigua de la canción Olvido, tema clave en La cantante de tango, y ahora, en mi vida.

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