lunes, mayo 2

La cuenta regresiva

Este documental me recordó a Michael Moore y su teoría de la “política del terror norteamericana”. Countdown to Zero es tan apocalíptico como el documental de Al Gore y toda esa cortina de humo mediática que tanto crítica Moore en Bowling for Columbine.

Está dirigido por la documentalista Lucy Walker, quien ganó un Oscar en el 2006 por Blindsight, una historia real sobre seis adolescentes ciegos tibetanos que suben el pico de Lhakpa-Ri del Monte Everest, conducido por el también invidente Erik Weihenmayer.

Pero Countdown to Zero no se refiere a persona invidentes capaces de alcanzar retos, o adolescentes, o montañismo, sino a las bombas nucleares y la visión gringa sobre quiénes son las víctimas y sus victimarios.

Solamente el título ya es un alerta a lo que veremos. Confesiones, encuestas, opiniones de expertos, imágenes documentales… todo bajo una frase leída por John F. Kennedy en un discurso: “Todo hombre, mujer y niño vive bajo una espada de Damocles nuclear, que pende del hilo más delgado, capaz de cortarse en cualquier momento, por accidente, error de cálculo o locura. Estas armas de guerra deben ser abolidas antes de que ellas lo hagan con nosotros”.

El documental cuenta con la participación de Tony Blair, Jimmy Carter, Mikhail Gorbachev, Robert McNamara, entre otros conocedores, y algunas imágenes impactantes de J. Robert Oppenheimer, el inventor de la bomba atómica.

Por mucho esfuerzo de Walker en “documentar” un hecho real (se sabe que hay más de 32mil armas nucleares en mundo, principalmente en Estados Unidos y Rusia) no hay punto de equilibro en este documental –objetividad, lo llamaríamos en periodismo-. No es más que un panfleto irónico sobre un tema que la opinión pública conoce.

La proliferación nuclear es muy posible en estos tiempos gracias a la tecnología, el tráfico ilegal y almacenamiento de  uranio enriquecido y plutonio crea alarma en el mundo. Y, aunque más de cien países hayan rechazado armas nucleares, otros cientos, como Estados Unidos y Rusia, conservan celosamente sus reservas.

El camino no es el proselitismo político, es documentar. No jugar con lo serio.
  

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