lunes, abril 30

"El almohadón de plumas" animado

Existen historias que no se olvidan nunca y escritores cuyos cuentos se convierten en cultura popular.

Más de una vez he pensado en El almohadón de plumas, de Horacio Quiroga (1879-1937), cuando llega el invierno y tengo que desempolvar el viejo plumón.

La historia no es ajena, menos para el chileno Hugo Covarrubias que la llevó a la pantalla con el recurso del stop motion. Producido  en el años 2007, hoy se puede disfrutar en línea.

Al cambiar los lenguajes y las técnicas, puede haber variaciones en la narración, pero la esencia, el monstruo, es el mismo. Este cortometraje de 10 minutos mantiene la misma tensión y horror del texto original de Quiroga, aunque lo animado lo suavice un poco. Pero también conserva su majestuosidad, la narrativa pulcra y hermosa del escritor uruguayo.

Al final sigue siendo culpable ese bicho escondido en el almohadón, ese que puede estar en cualquier plumón, en cualquier casa y en cualquier tiempo.


El cuento

EL ALMOHADÓN DE PLUMAS
(Cuentos de amor, de locura y de muerte, 1917)

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.

Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial.

Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.

La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.

En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.

No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.

Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.

-No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja-. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.

Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.

Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

-¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.

-¡Soy yo, Alicia, soy yo!

Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.

Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.

Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.

-Pst... -se encogió de hombros desalentado su médico-. Es un caso serio... poco hay que hacer...

-¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.

Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.

Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.

Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.

Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.

-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.

-Pesa mucho  -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.

Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.

-A-

domingo, abril 29

Bienvenido a La Casa del Ritmo


Soy venezolana. Amo la música de mi país. Soy fanática de Los Amigos Invisibles. Luego de esta introducción-aclaratoria me dispongo a escribir este post lo más objetivamente posible.

Fue un grato placer para los venezolanos que viven en Buenos Aires, disfrutar del documental La Casa del Ritmo, a Film about Los Amigos Invisibles en el Festival de Cine Independiente, Bafici. Tanto así, que se agotaron las entradas para las tres funciones que hubo. Sin embargo, muchos amigos de los amigos se quedaron esperando más del documental.

Dirigido por el ecuatoriano Javier Andrade y filmado totalmente en Nueva York, La Casa del Ritmo, a Film about Los Amigos Invisibles recoge, en voz de sus protagonistas, los hechos más importantes de este grupo icono de la movida funk venezolana.

Los integrantes hablaron sobre los inicios del grupo, los primeros fracasos y los logros, además de la música que los identifica y en la que todos intervienen como compositores. Desde la intimidad de sus casas o estudios, Los Amigos hicieron un breve recorrido por 20 años de historia musical.

Justificado en una nueva manera de hacer documental, el director puso énfasis en las imágenes de un concierto, alegrando a los fans sentados frente a la pantalla. El documental es entonces la mezcla de un concierto con algunas  intervenciones espontáneas y graciosas de los músicos. Sin embargo, no pierde su esencia, muestra quiénes son los amigos invisibles (paradójico, sí) y que al cine, también se va a bailar.

Suénalo…

 

Dato: Los Amigos Invisibles y Javier Andrade lograron la producción de este documental gracias al apoyo de sus fans. Recogieron 30 mil dólares en 30 días a través de una página web. ¡Arrechísimo! Léase en argentino: ¡Grosso!

-A-

sábado, abril 28

Entre sombras y susurros (Bafici)

Cuando estaba haciendo mi lista de películas para ver en el Bafici me topé con una sola película venezolana (bueno, considerando que la de los Amigos Invisibles estuvo realizada por un director ecuatoriano). Y para mi propia alegría era un documental. Entre sombras y susurros es el primer largometraje de Samuel Henríquez y su sinopsis dice así: "a partir de los diarios de Miriam Torres, sordociega desde los siete años, esta ópera prima venezolana se plantea el desafío de capturar, entre documental y ficción, entre la experiencia intelectual y sensorial, toda la densidad de una vida que va más allá de las limitaciones".

En realidad la película de Henríquez tiene muchas cosas del tipo de cine que me gusta. La película nos sumerge en el mundo particular de Miriam, combinando las imágenes de su cotidianidad en Caracas (filmadas en blanco y negro) con imágenes de alto contenido onírico correspondientes a sus recuerdos y los sueños de su pasado en la isla Margarita, cuando aún podía ver (filmadas a full color, con una fotografía impecable). Otros aspectos técnicos como el sonido también contribuyen a comprender la situación de Miriam, quien lucha por darle significado a lo poco que recuerda de su audición y su vista.  

De tener una queja sería que, por momentos, Entre sombras y susurros me resultó innecesariamente sobreactuada por los personajes. Siendo un documental, me parece que la mayoría de la naturalidad y espontaneidad de las situaciones quedaron por fuera sólo por lograr el plano perfecto, la toma más bonita. Sin embargo, debo admitir que el balance fue positivo para mí . Es definitivamente bueno saber que el cine documental venezolano de autor está vivo y que, en manos de jóvenes como Samuel Henríquez, el futuro es promisorio.


-P-

martes, abril 24

Hors Satan (Bafici)

Hay una escena de esta película que no se olvida nunca. Un hombre hace el amor a una mujer con tanta furia y demonios que ella bota espuma por la boca. Es impactante, y no es la única de Hors Satan, escrita y dirigida por el francés Bruno Dumont.

Una historia sin introducción y con un final abierto, que puede hacer dudar al más incrédulo. Hay muertes y milagros.

Una pareja de la que se sabe poco, viven un pueblo casi fantasma donde el silencio es tenso. Él puede ser un dios o un diablo (quizás sea lo mismo), ella sólo lo sigue y, parece, lo ama.

“Así, el clima religioso, algo místico, que se conforma y afianza escena tras escena, se entreteje entre el andar de él y la forma en que ella lo sigue, fiel, devota, creyente incondicional de sus comportamientos. En su recorrido inmutable, sereno y sin prisa, se cruzan hombres y mujeres, situaciones sin resolver”, dice la reseña del Bafici.

Dumont fue profesor de filosofía, quizás por eso se enfoca en el tema de la vida y la muerte. Dos de sus seis películas, La humanidad y Flandres, ganaron el premio Grand Prix en Cannes.

Hors Satan es la primera película que veo de Dumont, un genio del bien y el mal.  Debo ver otras. No tengo miedo a lo desconocido, sin embargo, de ahora en adelante, tendré cuidado de con quién salgo. Es muy feo botar espuma por la boca.



-A-

domingo, abril 22

Alps, otra de Yorgos Lanthimos (Bafici)

Cuando uno ha visto una película del griego Yorgos Lanthimos, siente la tensión en cada escena, porque sabe que, en cualquier momento, viene el golpe. Inquietante y absurda, al igual que la singular Dogtooth, es Alps, su más reciente film.

Dice la reseña del Bafici: Los Alps que dan título a la película son un grupo de cuatro nada fantásticos personajes –un paramédico, una enfermera, una gimnasta y su entrenador– que deciden ofrecer un extraño servicio: acercarse a gente que haya perdido a un ser querido y ofrecerles hacerse pasar por los ausentes. Así es como el grupo –que no habla de sus “suplencias” con nadie que no sea un Alp– muta, al ser contratado, en hijas, maridos, novias o padres.

Como todo grupo social donde se siguen reglas estrictas –los Alps podrían semejarse a una secta-, siempre hay un detractor, alguien que hará las cosas de otra manera. Es así como Lanthimos aprovecha estos quiebres para juzgar –o jugar- con la sociedad griega. Un elemento clave en Alps es la negación de la muerte, algo tan común en la sociedad occidental.

Son muy semejantes los personajes de Lanthimos. Una alps que se hace pasar por una hija muerta, bien podría ser una de las hermanas de la familia de Doogtooth. De hecho, lo es: la actriz Aggeliki Papoulia (quizás la musa del director)

Los cierto es que las frases hechas, ensayadas, pausadas; lo inexpresivo, lo absurdo e incompresible, definen los personajes de Lanthimos. Y es “lo extremo” lo que predomina en sus películas.

Un genio del cine griego. Dicen, que la historia se repite.

-A-


Duch, le maître des forges de l’enfer (Bafici)

Lo “desagradable” en el cine, puede estar en una imagen o, simplemente, en un diálogo. Más allá de la obviedad de la frase, me resulta inquietante cuando el impacto, el shock, viene de la palabra, especialmente en un documental donde la palabra pesa, donde se demuestra que pesa por años. A Duch, cada palabra le pesará por toda la eternidad.

Duch, le maître des forges de l’enfer (Duch, Master of the Forges of Hell), dirigido por Rithy Panh, es un registro abrumador sobre las atrocidades cometidas por  Kaing Guek Eav, apodado Duch, en un campo de exterminio en la Camboya de mediados de los 70.

Durante el genocidio camboyano (1975-1979) bajo las reglas del partido Pol Pot, desaparecieron entre dos y tres millones de personas. Unas 15mil fueron asesinadas en el campo S-21, dirigido por Duch.

Se trata del retrato de un verdugo. Duch se confiesa, parsimonioso, delante de la cámara de Panh, mientras se interponen testimonios, fotografías o documentos de la época. El resultado es un documental que cuenta parte de la historia.

Uno espera que ese señor que está del otro lado de la cámara, que podría ser el abuelo de algún conocido o el propio, se confiese culpable. Y lo hace, cobijado ahora por la justicia divina.

En Vals in Bashir, Ari Folman busca el perdón tras la historia caricaturizada de los hechos. En The cove, Richard O’Barry pretende enmendar sus errores luchando por los delfines en cautiverio. En Duch, le maître des forges de l’enfer, el también camboyano Rithy Panh sienta a Duch en el banquillo para que sea juzgado.

Culpable, no hay justificación para la atrocidad.



-A-

jueves, abril 19

Eduardo Coutinho y las canciones (Bafici)

Desde que mi mamá se separó de su marido hay varias canciones que no puede escuchar sin sentirse mal. Son unas cuantas en realidad. Con sólo darle una pasada a mi memoria ubico en esa lista la discografía entera de Silvio Rodriguez, varias canciones de Ricardo Montaner y Manantial de Corazón de Yordano. De eso trata el nuevo documental de Eduardo Coutinho titulada As Canções. No, no del gusto musical de mi mamá, sino de cómo las canciones tienen ese potencial para transportarnos a distintos momentos en nuestras vidas, con toda la carga emocional que eso conlleva.

Todo transcurre, como en las últimas películas del documentalista brasilero, en un teatro. Coutinho entrevista a mas de 20 personas con su ya patentado método: hace que un equipo de producción ubique previamente a los posibles entrevistados y los cite en el teatro. Lo que presenciamos en cámara es el primer encuentro entre Coutinho y cada personaje, pero él ya sabe de antemano toda la información necesaria de cada uno.

Durante hora y media indaga acerca de las canciones que marcaron sus vidas y, en cada caso, les pide que canten estrofas o incluso las canciones completas. El resultado es una pelicula sencilla, pero cargada de emociones. No deja de asombrarme la capacidad que tiene Coutinho de ganarse la confianza de sus personajes, de sacar a relucir sus emociones. En una escena entrevisa a un sujeto que atesora una canción que su mamá solía cantar mientras cosía vestidos trabajando en casa. Trata de cantarla pero revienta en llanto inesperadamente. Logra recomponerse pero el momento ya quedó impregnado de sentimiento. Eso es lo que logra Coutinho.

Estoy seguro de que mi mamá hubiese sido un personaje perfecto en As Canções. Aunque, en realidad, ¿quién no tiene una canción que lo transporte?






-P-

martes, abril 17

Death Row (Bafici)

A veces tengo la impresión de que la voz de Werner Herzog podría hacer trascendental cualquier cosa, desde una revista de Condorito hasta un menú de un restaurante chino. Con sólo escuchar sus primeras palabras en Death Row supuse que se vendría algo que me dejaría pensando por varios días. Si se le agrega que el trasfondo de esta película tiene que ver con varios sujetos que están esperando ser ejecutados en el estado de Texas, presiento que se me vienen un par de semanas de intensa reflexión.


La historia es que Herzog estaba buscando un caso ideal para llevar a cabo Into the Abyss, su documental sobre la pena de muerte. Ese caso resultó ser un triple asesinato cometido en Conroe, Texas. Pero durante su investigación también entrevistó a los protagonistas de otros casos de pena capital y decidió realizar una miniserie de cuatro capítulos adicionales que llevaría por nombre Death Row. Una idea, un rodaje, cinco películas, muchas horas de lecciones de vida y muerte con acento alemán.

"Como alemán y viniendo de un trasfondo histórico de el de los Estados Unidos debo respetuosamente admitir mi rechazo a la pena de muerte". Con esta frase Herzog comienza cada historia mientras la cámara hace la breve caminata desde la celda de cada personaje hasta la mesa donde se aplican las inyecciones letales. Segun Herzog, la intención es transmitir al espectador esa sensación de saber que tu vida tiene fecha de vencimiento asignada, cómo vivir los últimos días de vida con eso en mente. Las descripciones de los espacios y de las emociones son exhaustivas y el sentimiento de enclaustro es palpable. En breve:  no es recomendable ver Death Row en días dificiles.

Mientras más lo pienso, creo que la voz de Herzog podría hacer trascendental lo que sea... Para muestra un botón. O más bien una bolsa...



-P-

lunes, abril 16

Un corto (Bafici)

Este corto no tiene título, pero forma parte del programa de cortometrajes argentinos que se proyectan antes de cada película en el Bafici.

Ya lo he visto cuatro veces, y cada vez me gusta más. Por la delicadeza del guión, la sencillez y lo que me produce como mujer.

Está escrito y dirigido por Delfina Castagnino, quien ya tiene un largometraje en su haber: Lo que más quiero (Competencia Internacional Bafici 2010), y una ficha en IMDB.

Lo llaman “corto institucional”. Yo lo llamaría, simplemente, La carta.


-A-

Recreation (Bafici)


Recreation es una representación de la sociedad actual. Frase cliché, con todas sus acepciones, pero es justamente eso. Jóvenes rebeldes que no distinguen la línea entre la desobediencia justificada en la travesura y la maldad.

El japonés Yoshihiro Nagano –con 24 años de edad- recrea una pandilla de amigos que se mueve entre la prostitución, las trampas y el robo. Dos amigos y dos gemelas suman a la banda a un quinto chico que pasa de levantar faldas de mujeres, al crimen desproporcionado. Lo que comienza como una reminiscencia a la juventud, se sale de control.

Con respecto a este último personaje, dice la reseña del Bafici: “Tachibana adquiere ese encanto malvado de Dafoe, de Cage, cuando enloquece; y es su presencia, fantasmal si no fuera tan concreta, la que inunda a Recreation de un sentido del mal tan real como aterrador”.

Pasa en Japón, pasa en las escuelas de Estados Unidos y en las favelas de Brasil. Pasa en mi ciudad también. Todos los días.



-A-

domingo, abril 15

This it not a film (Bafici)

No deja de impresionarme la manera como algunas películas, en circuitos de festivales de cine, reciben tratamiento rockstar sin importar lo apartadas que se encuentren de ser películas convencionales. Es el caso de This is not a film de Jafar Panahi. El documental se agotó el primer día que salió a la venta en la actual edición del Bafici, el más reciente festival en proyectar la película del director iraní. Ya pasó por Cannes, Toronto y Sao Paulo por sólo mencionar tres, causando esa misma histeria, usualmente reservada para gente como Madonna o los tipos de U2. Si Panahi mismo hubiese venido creo que hasta hubiese tenido problemas para pasar inadvertido por las calles de la ciudad.

Pero Panahi no vino. Ni ha ido a ningún lado desde hace un buen rato. Su situación legal es la misma materia de This is not a film, que narra un día de su vida en Teheran, dentro de los confines de su mismo departamento. Las condiciones limitadas no son un capricho, el director está a la espera de un veredicto que ha de condenarlo a seis años de prisión y veinte años privado de hacer películas, todo por participar en actividades que el gobierno iraní consideraba subversivas. 

Cuando fui a verla tuve un poco de miedo. Sentí que tenía  potencial para ser  lenta, reiterativa y un poco aburrida, todo contraproducente para una función de sábado a las 11 de la mañana. Pero, como suele pasar con el cine iraní, me resulto fascinante. Logró aprovechar al máximo la escasez de recursos y utilizar eficazmente la economía de los códigos de cine. Habla de la censura, de la labor del cineasta en la sociedad, el proceso de creación y, claro está, de política... Pero todo con un tono cotidiano que la hace muy llevadera. Especial mención merece la relación de Panahi con quien resulta una de las estrellas de la película: la iguana mascota de su hija.

Si esto no es un film, entonces creo me gustaría que más cosas de las que veo en el cine se le parecieran. 

Pedro




sábado, abril 14

For Ellen (Bafici)

Paul Dano es uno de los actores favoritos de mi amigo JC. Después de The good heart también fue uno de los míos. En esta película de So Yong Kim, Dano está más maduro, más experimentado. Su actuación es perfecta para For Ellen.

Versátil, eso sí, Dano interpreta ahora a Joby, un músico en pleno ascenso en su carrera, pero con todos los problemas que esto acarrea. A esto se le suma la firma de su divorcio y el reencuentro con su pequeña hija, Ellen, de quien –literalmente- vuelve a enamorarse.

La cámara de So Yong Kim es intimista, sigue a plano cerrado cada movimiento de Joby. El registro es personal.

Es curioso que sólo proyecten una película de la coreana-norteamericana en el Bafici, cuando la sensibilidad de su obra llena todo el espacio.

En esta mini entrevista (en inglés) para el Festival de Sundance, la directora habla de esa sensibilidad y emoción de For Ellen.


jueves, abril 12

Et si on vivait tous ensemble? (BAFICI)


Cinco amigos están llegando al final de su vida, pero eso no es una tragedia. Et si on vivait tous ensemble? es una amena película francesa con excelentes actores y un humor suave, pero que mantiene el entusiasmo de principio a fin.

Con las desavenencias  físicas y mentales que trae la vejez, estos amigos deciden sumar un problemita más: vivir juntos para acompañarse el resto de sus vidas. ¿Qué tanto puede pasar en una casa con cinco viejos juntos y un estudiante que los cuida? Mucho.

Los amigos: Geraldine Chaplin, Claude Rich, Pierre Richard, Bernard Malaka y la –aún- sensual Jane Fonda.

El estudiante: Daniel Brühl, el mismo de Good bye, Lenin!

Escrita y dirigida por Stéphane Robelin, Et si on vivait tous ensemble? se estrena en Buenos Aires el primer día del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, Bafici.

En el festival la llamaron el “hit geronto-feel good del año”. Estoy de acuerdo.

Papaye


Dicen que "el que es blando de corazón, tiene dura la caparazón".

Yo solo quiero terminar un largo día... para eso, lo mejor es Papaye, un corto, cortísimo, de Geoffrey Godet.

¡Buen provecho!

Papaye from Geoffrey GODET on Vimeo.

lunes, abril 9

Intento fallido con One day


Es noticia en medios y redes sociales la imagen de Anne Hathaway para su próximo proyecto: pelo corto y varios kilos menos para interpretar a Fantine, en Los miserables, una película de Tom Hooper que se estrenará en diciembre.

Por suerte, parece que será un buen personaje, porque Emma, en One day (Siempre el mismo día) fue flojo y desapercibido. Si de complejidades se trata, lo hizo mucho mejor con Maggie, en Love and Other Drugs.

One day no tiene muy buenas críticas, así como la dirección no fue lo más acertada para mantener una historia que pudo dar para más, basada en una novela de David Nicholls. Tampoco sé si Jim Sturgess sea la pareja ideal para Hathaway.

Como en A Lot Like Love (Lo más parecido al amor), con Ashton Kutcher y Amanda Peet, dos personajes se encuentran y desencuentran, y sus vidas se van tejiendo alrededor de una afanosa relación.

One day está dirigida por la danesa Lone Scherfig, a quien, al parecer, solo se le atribuye un logro –hasta ahora-: An Education.

Seguidores de Hathaway, atenerse a las consecuencias. Cero emociones.

Demián Bichir en A better life


Demián Bichir es un actorazo. Antes hacía novelas, después fue la revelación de Sexo pudor y lágrimas, luego hizo muchas películas más… pero en A better life, con la experiencia sobre su rostro, vuelve a fascinar.

A better life es la séptima película de Chris Weitz, el mismo director de Luna Nueva, American Pie y About a boy.  Es uno de esos dramas que, sin mucho esfuerzo, te hacen sentir mal; como En busca de la felicidad, Hombres de honor, o cualquier otro título empalagoso. Es trágico, adverso, y apenas, al final -como en todos los del género- hay una luz de esperanza. Y no pienso que sea deficiente, al contrario tiene los elementos justos que lo hacen bueno: un padre trabajador, un hijo rebelde, pandillas de barrios, muchos prejuicios y sobre todo, sabor mexicano.

Demián Bichir, fue nominado a varios premios por el personaje de Carlos Galindo, el ejemplo ideal del padre inmigrante que lucha para que su hijo sobreviva en una sociedad cruel y peligrosa.

Su actuación es soberbia, como leí por ahí, “se te mete dentro de la piel”.


domingo, abril 8

Melancholia


Todo puede pasar en Melancholia.

La más reciente película de Lars Von Trier, además de ser una joya estética, es una manera de reflexionar sobre nuestra relación con el mundo, con las demás personas y con nuestros propios fantasmas.

La melancolía, no es personal, es colectiva. Uno contagia al otro, así como se contagian los temores y la esperanza y Lars von Trier sabe como mostrarlo.

Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg, la musa del director danés, encarnan dos personajes atormentados, cada uno a su manera, que se verán envueltos en la idea del “no retorno”; mientras Melancholia hace de las suyas.

Ganadora de 29 premios internacionales y 44 nominaciones más, no es una película Oscar. No hubiese sido posible con otro director, más comercial, menos onírico y soberbio. Lars von Trier, al igual que en Antichrist, me dejó días pensando en algunas imágenes impactantes y en la idea de que todos vamos al mismo infierno.