domingo, abril 22

Duch, le maître des forges de l’enfer (Bafici)

Lo “desagradable” en el cine, puede estar en una imagen o, simplemente, en un diálogo. Más allá de la obviedad de la frase, me resulta inquietante cuando el impacto, el shock, viene de la palabra, especialmente en un documental donde la palabra pesa, donde se demuestra que pesa por años. A Duch, cada palabra le pesará por toda la eternidad.

Duch, le maître des forges de l’enfer (Duch, Master of the Forges of Hell), dirigido por Rithy Panh, es un registro abrumador sobre las atrocidades cometidas por  Kaing Guek Eav, apodado Duch, en un campo de exterminio en la Camboya de mediados de los 70.

Durante el genocidio camboyano (1975-1979) bajo las reglas del partido Pol Pot, desaparecieron entre dos y tres millones de personas. Unas 15mil fueron asesinadas en el campo S-21, dirigido por Duch.

Se trata del retrato de un verdugo. Duch se confiesa, parsimonioso, delante de la cámara de Panh, mientras se interponen testimonios, fotografías o documentos de la época. El resultado es un documental que cuenta parte de la historia.

Uno espera que ese señor que está del otro lado de la cámara, que podría ser el abuelo de algún conocido o el propio, se confiese culpable. Y lo hace, cobijado ahora por la justicia divina.

En Vals in Bashir, Ari Folman busca el perdón tras la historia caricaturizada de los hechos. En The cove, Richard O’Barry pretende enmendar sus errores luchando por los delfines en cautiverio. En Duch, le maître des forges de l’enfer, el también camboyano Rithy Panh sienta a Duch en el banquillo para que sea juzgado.

Culpable, no hay justificación para la atrocidad.



-A-

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