sábado, febrero 20

Brooklyn

Monzantg

Una película bella.
De esas que le hacen soñar a uno pasados y futuros.
Tan apropiada en un país sin destino. 
Sin promesa económica, con toda certeza de vulgaridad política y ciudadana, y con fuerte, si bien novedosa, vocación migratoria.
Desde la primera despedida, la película se mueve hacia el caos de lo trivial, siempre directo al desastre del melodrama.
El personaje femenino en primer plano.
Jovencitas agradables, con todos los modales en su lugar. Otras, no tanto. Ancianas solas, duras, tan cristianas que pesan y asquean.
Pero, en general, una red silenciosa, circunstancial, de solidaridades entre una mujer y otra, y también de alguna complicidad.
No hay nada grande que decir sobre Brooklyn excepto que, con conciencia del lugar común, toda la película es tiernamente grande.
El verdadero drama es la decisión de Eilis. Con la vida partida. Con familias fracturadas. Con la entereza de quien conoce la decisión y necesita acostumbrarse a ella.

Una poética de la tragedia del inmigrante. 

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